jueves, marzo 09, 2017

Presidente Maduro otorgó réplica del sable de Urdaneta a mujeres luchadoras de la Revolución


Miren Ortubay (España): “Para que desaparezca la violencia contra las mujeres hay que avanzar en igualdad”

Amanda Andrades

ctxt.es Ana Orantes había nacido en 1937. Con 19 años se casó con un novio al que había conocido en un baile en un Corpus. Aguantó cuarenta años de insultos, palizas y vejaciones. Un día encontró la fuerza y el coraje para escapar y pidió el divorcio. La sentencia impuso que compartiera la misma vivienda con su exmarido: ella y sus dos hijos arriba; él abajo. Ana también encontró la fuerza y el coraje para contar su historia, su sufrimiento en Canal Sur, un 4 de diciembre de 1997. Dos semanas después de que se emitiese su entrevista, su exconyuge la asesinó. La golpeó hasta dejarla inconsciente, la ató a una silla en el patio de su casa y le prendió fuego, tras rociarla con gasolina.

Su brutal asesinato ayudó, paradójicamente, a tomar conciencia de un problema que hasta entonces permanecía oculto, escondido como un asunto doméstico. Su muerte ayudó a cambiar la percepción de la sociedad sobre la violencia contra las mujeres. Siete años después llegaría la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

Desde 2003, cuando empezaron a elaborarse estadísticas oficiales sobre violencia machista, han muerto asesinadas por sus parejas o exparejas 886 mujeres. En estos momentos en el Congreso de los Diputados, una subcomisión a puerta cerrada ha comenzado a dar los primeros pasos hacia la creación de un pacto de Estado contra la violencia de género. Hasta ahora, se han centrado en escuchar a 60 especialistas en el tema. Una de ellas ha sido Miren Ortubay. Doctora en Derecho Penal y especialista en violencia contra las mujeres, Ortubay responde por teléfono a CTXT a algunas cuestiones sobre la ley, sus éxitos y límites y el camino que aún quedan por recorrer para que las mujeres podamos vivir libres de violencia.

Se cumplen 13 años de la entrada en vigor de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, ¿cuáles han sido sus éxitos?

Su principal éxito es existir. Durante mucho tiempo, cuando se empezó a tomar conciencia del problema estructural de la violencia sexista, esta quedaba oculta, diluida, en el seno de la violencia familiar o doméstica. El que se defina y se delimite la violencia de género como violencia contra las mujeres es un éxito. La definición que hace la ley de ese fenómeno es bastante limitada y deja fuera bastantes manifestaciones de violencia sexista, pero es un avance. También lo es que se reconozcan que son derechos de las mujeres. Es decir, que es una responsabilidad de los poderes públicos garantizar la vida, la dignidad y la libertad de la mitad de la población.

¿Cuáles son esos límites en la definición de la violencia de género recogida en la ley?

A pesar de que en su exposición de motivos la ley dice que violencia de género es aquella ejercida contra las mujeres por el hecho de serlo, en el artículo 1 la define como la ejercida por el hombre que haya sido pareja o expareja. Eso deja fuera toda la violencia sexista cometida por extraños, una agresión en la calle, la trata de mujeres, la prostitución forzada, el acoso sexual en el trabajo... Todo lo que en el plano internacional se considera violencia contra las mujeres.

¿Qué hay que mejorar?

Una de las cosas más positivas de la ley es toda la primera parte de la misma donde se hace una apuesta por la prevención y la sensibilización, por un cambio de mentalidad social, una apuesta a largo plazo. Nunca antes había estado reconocido en una ley y es muy importante. Al final es el único instrumento realmente válido, pero el problema es que nunca se ha puesto en práctica de verdad, nunca se ha hecho la inversión necesaria. Además, cuando llegó la crisis fue lo primero que sufrió recortes. Si algo hay que cambiar es que se cumpla lo que la ley dice que va a hacer en materia de educación, sensibilización y prevención. Otro de los problemas de la ley es que ha dado demasiado protagonismo al sistema penal. Este es insustituible, nos hace falta, pero también hay que reconocer que tiene muchas limitaciones. El sistema penal no es ni un instrumento de política social ni un instrumento de empoderamiento, de emancipación de las mujeres. Hay que complementarlo.

¿En qué sentido?

No hay que quedarse solo en el castigo al agresor y en la respuesta que el sistema penal da a las mujeres, una indemnización y poco más. Cuando consigues una condena del agresor tienes acceso a determinados derechos y prestaciones, pero el problema es que ese apoyo, sobre todo, el psicológico, pero también una buena atención jurídica e información de qué va a suponerle entrar en el sistema penal, habría que dárselo a las mujeres antes de la denuncia para apoyarlas en ese proceso y para que no se echen atrás porque no era eso lo que ellas buscaban o necesitaban.

Más allá de la respuesta institucional que da la ley, ¿qué podemos hacer como sociedad?

Ya se están haciendo cosas. Hay que apoyar y reconocer el trabajo que están haciendo las asociaciones de mujeres supervivientes, mujeres que han podido salir de relaciones violentas y que están acompañando a otras víctimas. Y eso tiene muchísimo valor. Luego también hay otros grupos y colectivos que están dando ese acompañamiento que las mujeres necesitan para soportar ese proceso, que es un proceso largo y difícil. Pero además, el único camino efectivo para que desaparezca o disminuya la violencia contra las mujeres es avanzar en igualdad. Y para ello hay que tener una educación igualitaria que no es lo mismo que la educación mixta, solo con mezclar niños y niñas en clase no se hace una educación igualitaria. Además, no sirven de nada las campañas si después de las noticias viene un anuncio sexista o si gente con autoridad hace declaraciones machistas y despectivas hacia las mujeres. Avanzar en la igualdad es convencernos de que el machismo nos hace daño a todos, sobre todo a las mujeres, pero también a los hombres, a los que encasilla en esos papeles absolutamente desfasados y frustrantes. Solo si nos convencemos de que con igualdad avanza toda la sociedad, avanzaremos.

Las últimas perversiones del feminismo

Lidia Falcón

Este 8 de marzo se cumplen 108 años de la masacre de la fábrica Cotton de Nueva York, en la que murieron asesinadas 200 mujeres que se habían encerrado dentro para reclamar aumentos de salarios y el empresario incendió la nave abrasándolas dentro. Ese día Clara Zetkin propuso que se instituyera el Día Internacional de la Mujer, una mirada a la situación que a parte del Movimiento Feminista nos desconcierta.

Nos estimula repasar los avances que en el mundo occidental ha conseguido MF. No diría que no se puede repetir la atrocidad de 1909, porque hace pocos años el techo de un edificio en Bangladesh se desplomó matando a mil trabajadoras que cosían dentro, en condiciones de esclavitud, para abastecer a las empresas de ropa confeccionada, Zara entre otras, donde las privilegiadas clientes europeas y americanas nos surtimos. Creo que es importante no olvidarlo.

Pero lo que desconcierta y desanima es comprobar cómo en este Primer Mundo, que disfruta de los avances que los movimientos sociales han alcanzado en siglos de cruentas batallas, un sector del MF, más desinteresado hoy de la lucha por la subsistencia, está derivando a defender reclamaciones que contradicen la esencia misma del feminismo.

Cuando reclamábamos el derecho al amor libre, vindicación que ha cumplido más de un siglo, no pudimos ni imaginar, ni nosotras ni nuestras heroicas antepasadas, pioneras de todas las luchas, que tal reclamación se pervirtiera de tal modo que se defendiera la prostitución como un trabajo aceptable, o incluso deseable, ignorando la degradación moral y la explotación económica que supone dicha esclavitud para las mujeres. Querría recordar como las anarquistas que fundaron el grupo Mujeres Libres, y que incluso se unieron a los hombres en la primera línea de fuego durante la Guerra Civil, fueron enormemente críticas contra sus compañeros que frecuentaban los prostíbulos.

Federica Montseny, nuestra primera ministra de Sanidad durante la contienda, creó los liberatorios de prostitución, ofreciéndoles a las mujeres acogida, mantenimiento y formación profesional. Y 80 años más tarde un sector del feminismo ve con complacencia la explotación de las víctimas, haciendo una infame campaña a favor de legalizarla, montando incluso una Escuela de Prostitución en Barcelona, que permiten tanto ese Ayuntamiento del cambio, como la independentista Generalitat ─que no sabemos si la financia─, que sólo se ocupa de separarse del resto de España. Supongo que si consiguen la independencia, el gobierno catalán podrá convertir Cataluña en el prostíbulo de Europa.

Cuando aún no hemos logrado abolir la prostitución y situarnos entre los países avanzados moralmente, nos encontramos con que unos sectores del movimiento LGTB defienden legalizar “los vientres de alquiler” Es decir, la mercantilización más absoluta del cuerpo de la mujer. Y como esa es una demanda del movimiento homosexual, predominantemente masculino, que tiene influencia en muchos de los partidos políticos, y dinero para financiar sus campañas, han logrado que la mayoría de ellos no se defina en contra, a la espera de ver cuántos votos logran.

Pues todavía tenemos que conocer nuevas tendencias que vienen a perturban aún más la ideología feminista.

¿Ustedes saben lo que son las TERF? No se sientan ignorantes, yo tampoco lo sabía hasta hace dos días. TERF, acrónimo de trans exclusionary radical feminist, resulta que somos nosotras. Sí, las feministas de siempre, las que reclamamos desde hace 200 años libertad, igualdad, solidaridad. Ese término se lo han inventado un grupo de transexuales, apoyadas al parecer por otro grupo de LGTB, que siguiendo la teoría queer ─aquella que dice que no nacemos con una pretedeterminación de sexo sino que a lo largo de la vida escogemos variablemente el que queremos─ han decidido que ni el sexo, ni la edad, pueden ser definitorios.

Para resumir lo que está llenado páginas de webs, de Facebook, de WhatsApps, incluso de libros: una puede ser mujer u hombre, según lo decida en el momento en que así lo desee, y una y uno, igualmente. Y si esta transformación ya era conocida, e incluso amparada por las leyes, pero implicaba someterse a los cambios físicos que acompañan a las características de cada sexo, ahora no. Ahora todo el mundo es un transformista y puede serlo por la mañana o por la tarde, este fin de semana o el mes que viene. Y del mismo modo escoge en cada momento la edad que desea. No es preciso tener, o pretender, la apariencia física correlativa al sexo que se desea.

Una foto de un señor con unos bigotazos negros lleva la leyenda: “Soy una niña de cinco años”. Tal es la transformación que ha escogido. Y, en consecuencia, se ha sentido con derecho a acosar sexualmente a un niño de seis. Porque él se siente niña pequeña, y en consecuencia no es un pedófilo ni un pederasta sino un transgender, y por ello tiene derecho a violar niños. Y quienes nos opongamos a semejantes desquiciadas fantasías, somos TERF, homofóbicas, transfóbicas y perseguidoras de la libre elección de sexualidad y de edad.

Lo peor es que algunas conocidas activistas del movimiento LGTB están dando cobertura a tales peligrosos disparates, y cuando se les lleva la contraria difunden toda clase de críticas, trufadas de insultos, contra las TERF, que somos nosotras. Incluso se preguntan si no podrían agruparnos a todas y tirarnos al mar.

Una doctora de EEUU está haciendo campaña a favor de la pederastia, acusando a los TERF de penalizar la sexualidad infantil como antes se penalizó el amor libre y la homosexualidad. Y en estas polémicas, que llegan más allá de las palabras puesto que se ponen en práctica abusando sexualmente de niños y niñas, invierten su tiempo ─alguien también pagará─ las otrora activistas del feminismo.

Y yo pienso, las que a tal campaña se dedican sin duda pocos sufrimientos padecen y menos son capaces de observar y emocionarse por los de las demás mujeres del mundo. Esas feministas no sólo invierten su tiempo y su capacidad mental en discutir qué sexo van a llevar hoy, como si fuera el vestido que se cambian, sino que están siendo el soporte de la campaña que han desencadenado los pederastas para violar impunemente niños y niñas.

Nuria Varela: “En los medios de comunicación vemos mucho neomachismo”

Silvia Melero

el asombrario Su libro ‘Feminismo para principiantes’ abrió un camino a muchas personas que descubrieron lo que nunca les habían contado. Nuria Varela, periodista, escritora, profesora y experta en violencia de género e igualdad, habla de las medias verdades y las mentiras, de los micromachismos, de la impunidad y de la alfombra patriarcal en su nuevo libro ‘Cansadas. Una reacción feminista frente a la nueva misoginia’. Recoge en sus páginas el agotamiento de tantas mujeres que luchan cada día por la igualdad.

¿No te imaginabas que acabaríamos así, verdad?

(Risas). No, efectivamente, no me lo imaginaba. De todas formas no hemos acabado, seguimos peleando. Más bien no me imaginaba que tuviéramos tanto retroceso tan rápido. Estábamos confiadas en los avances porque las reclamaciones son tan obvias y tan justas (es que no se me ocurre nada más básico que reclamar una vida libre de violencia), por eso es difícil aceptar que parte de la sociedad se empeñe en retroceder en el ámbito de igualdad. ¿Cómo se puede recortar un 26% en los presupuestos de lucha contra la violencia de género, con un índice de violencia tan elevado? No me imaginé que pudiera pasar.

Hay dureza en el libro cuando hablas de una generación desperdiciada, de mujeres fallidas, cansadas, invisibles, frustradas… Te estarán diciendo, tras leerlo, que era muy necesario ponerle palabras a esto también.

La respuesta ha sido sorprendente. Me he dado cuenta de que son reflexiones muy compartidas y además de manera intergeneracional. Para las mujeres de mi generación (40, 45 años) está claro, pero me ha sorprendido entre mujeres muy jóvenes que sienten lo mismo. Siempre defiendo que tenemos que escribir porque las mujeres escribimos muy poco sobre nosotras mismas, el feminismo escribe poco sobre los procesos. Ya lo dijo Victoria Sau: ‘las feministas tan empeñadas en hacer feminismo no se han preocupado mucho ni en definirlo’. Estamos tan ocupadas en la tarea diaria de hacer cosas, la acción, las propuestas, los cambios, que escribimos poco.

Citas y recuperas a mujeres como Aspasia de Mileto o Hypatia de Alejandría, que a lo largo de la Historia han pagado muy caro defender derechos. Si no se recupera ese camino labrado por tantas mujeres, ¿dónde estamos?

Los pueblos que no tiene historia no tienen legitimidad. A nosotras nos pasa lo mismo. Luego se queda en el imaginario social que los derechos vienen solos, y nada más falso. Cada derecho de los que disfrutamos se ha peleado antes. Por ejemplo, el sufragismo. 80 años, tres generaciones de mujeres luchando por un único objetivo que ahora damos por descontado. Se desmantela y se devalúa el trabajo del feminismo y las demandas actuales diciendo que poco a poco, que el paso del tiempo… El paso del tiempo nunca ha traído derechos, ha habido que pelearlos y hay que recordar esas luchas de esas mujeres que nos proporcionaron esos derechos de los que hoy disfrutamos. Nadie nos los ha regalado.

El velo de la igualdad, esa idea de que la igualdad ya se ha conseguido, es un discurso que se extiende. ¿Es especialmente preocupante entre jóvenes y adolescentes?

Sí, es preocupante en todas las generaciones, pero entre jóvenes y adolescentes especialmente, porque estamos educando a las niñas y a las adolescentes con dos discursos contradictorios. Por un lado, les decimos que pueden ser lo que quieran, ingenieras de la NASA o presidentas del Gobierno, que tienen derecho a su propia vida. Pero al mismo tiempo les damos todo el mandato del princesismo, el mito de la belleza, la sexualización de sus cuerpos, la cultura de la violación (que incide en que el hecho de que no sufran violencia sexual depende de ellas: de cómo se visten, de si van solas, y no de ellos). Esto está provocando problemas en el tipo de relaciones que establecen la personas adolescentes, relaciones más violentas que en otras épocas. Cuando salen los estudios de violencia en las primeras relaciones de noviazgo, todo el mundo se lleva las manos a la cabeza porque no deja de aumentar. Tienen muy arraigados los estereotipos y la banalización de la violencia.

¿Cómo puede ser que se haya vuelto a un mayor sexismo en la educación y se haya retrocedido tanto?
Es una constante. Cada vez que hay un avance en derechos de las mujeres, viene una fuerte reacción patriarcal. Lo vemos desde el siglo XVIII, en la época de la Revolución Francesa. Cuando Olympe de Gouges publica La declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana acaba en la guillotina. Tras las reclamaciones de igualdad de las mujeres europeas, sobre todo en Francia, llega el código de Napoléon y nos vuelve a dejar sin derechos de ciudadanía. Pasó igual en la época de las sufragistas, después del derecho al voto vino la mística de la feminidad. Tras avances, llega el retroceso y ahora estamos viviendo lo mismo. En España se ve más claro porque veníamos de una dictadura muy dura en general, y en particular con las mujeres, los procesos de cambio se hicieron en poco tiempo. Tras años de modificaciones legales, la reacción patriarcal es muy potente, sobre todo en el ámbito de la educación, donde hay más resistencias al feminismo. El capítulo I de la Ley contra la Violencia de Género está íntegramente dedicado a la educación. No se ha desarrollado y no se cumple.

Hace unas semanas, alumnas de un instituto denunciaban que miembros de la Policía les habían ofrecido una charla de supuesta ‘sensibilización’ contra la violencia de género en la que había negacionismo y consignas machistas. Fue justamente una alumna la que alzó su voz para rebatir sus argumentos. ¿Guardianas del feminismo que confirman que algo sí se ha sembrado estos años?

Afortunadamente están ahí. Es que el ámbito de la violencia de género es el de mayor beligerancia porque es obvio que nos estamos jugando la vida y que nos están matando. Eso es lo único que no se puede esconder. Pueden maquillar cifras, colocar asesinatos en investigación, hacer intentos de minimizar la violencia que no tiene resultado de muerte (la que no asesina), pero los cadáveres no se pueden esconder. Es evidente que hay un repunte de violencia extrema. Por eso ahí es donde se ataca más duro. Sólo consiguiendo sociedades igualitarias podemos erradicar la violencia de género. La violencia es un desprecio hacia las mujeres, un menosprecio hacia su vida y sus derechos. La única medicina preventiva contra la violencia de género es la igualdad. Y ahí es donde está siendo más duro el retroceso, con el negacionismo (negando estudios, evidencias, cifras), el mito de las denuncias falsas, decir que la violencia se ejerce igual por hombres que por mujeres. Pero los asesinatos están ahí día tras día.

¿Quiénes son los guardianes del patriarcado?

Son muchos. Son los misóginos y los machistas, por un lado, y luego están los que Miguel Lorente llama “neomachistas”, los que disimulan y han lanzado mensajes mucho más sutiles con la intención de que las cosas sigan igual. Sobre todo los vemos en los medios de comunicación. Machismo tradicional, nueva misoginia, neomachismo, machismo sutil, micromachismos… Sus mensajes son abrumadores. Es un relato continuo. Hay muchos guardianes del patriarcado en la política y en el ámbito judicial.

Pones el foco en la Real Academia de la Lengua porque el lenguaje es muy importante para nombrar o no las cosas.

En la RAE y en el ámbito académico hay muchos guardianes del patriarcado, muchas resistencias. Son beligerantes contra la igualdad, con explicaciones (se movilizaron con la palabra ‘genero’) que no tienen nada que ver con la lengua. Sus explicaciones son extralingüísticas porque siguen defendiendo su poder y sus privilegios masculinos. La lectura no patriarcal del diccionario ya se hizo hace años, los libros están publicados, no tienen ni que hacerlo, sólo tienen que practicarlo.

¿Cansada también de hacer la ola?

(Risas). Estamos en una situación tan precaria respecto a la igualdad que cualquier gesto por parte de ellos se ensalza de forma exagerada. Creo que es hora de acabar con esto y empezar con las exigencias. Creo que hay un mínimo que se le puede exigir ya a una sociedad democrática del siglo XXI. Ese mínimo de respeto e igualdad no lo podemos rebajar.

Formaste parte de la histórica puesta en marcha del Ministerio de Igualdad en 2008 como directora del Gabinete de la ministra Bibiana Aído y luego como asesora. Un ministerio atacado política y mediáticamente desde el minuto cero. ¿Qué rescatas de aquella vivencia?

Todo el trabajo que se hizo con la reforma de la Ley del aborto. Lo rescato no sólo porque tenemos una ley mejor que la que teníamos, sino como ejemplo de que cuando se trabaja algo y se trabaja bien la sociedad lo hace suyo. Pone de relieve la importancia de trabajar a favor de la igualdad. Además de eso, medidas concretas como incorporar la trata en el Código Penal (se hizo el primer Plan de Trata), entre otras cosas. Fue muy importante también el mensaje social y la batalla simbólica. Poner en primer lugar del discurso político la importancia de la igualdad. Por eso fue tan potente la reacción. Simplemente existir en lo simbólico era importante. Las mujeres no somos ciudadanas de segunda categoría, necesitamos ajustar nuestro marco legal, el marco real, los presupuestos, los mensajes mediáticos y políticos. Por primera vez un organismo estaba empeñado en eso: en defender la igualdad real.

Un Ministerio de Igualdad que… ¿nació en condiciones de desigualdad?

Fue un aprendizaje patriarcal muy interesante. No nos hacía falta (risas), pero si querías unas prácticas en patriarcado real y potente era el mejor sitio. Claro, nace desde los márgenes, ésa es la historia de las mujeres, y nace con debilidad. En el ámbito económico hay un abuso espectacular por parte de los hombres. Una de las críticas más potentes que se hacían era el “despilfarro”. Se repetía a todas horas. ¿Las mujeres no pueden ser beneficiarias de los presupuestos? Que lo que pagamos en impuestos revierta en igualdad suponía un cuestionamiento continuo. Encima los presupuestos que tenía el ministerio eran mínimos. Hay que empezar a poner el foco también en la violencia económica.

Esencial dejar rastro escrito de todo esto, como decías antes.

El ministerio de Igualdad había que escribirlo. Forma parte de la historia de las mujeres de nuestro país; dentro de unos años se borrará, se olvidará como si nunca existió. Fíjate lo que ha costado rescatar todo lo que se hizo en la II República, hasta el propio nombre de Clara Campoamor o todo el trabajo de las maestras en ese periodo histórico.

Dices que vivimos en la ‘cultura del simulacro’. Una cosa es lo que recogen las leyes, los discursos, y otra la realidad. ¿Cómo detectarla?

La filosofía de la sospecha es muy útil para verlo. Repasar las argumentaciones respecto a la igualdad que nos lanzan todos los días. El proceso de desaprendizaje es más difícil que el aprendizaje. Es complicado quitar los tópicos, estereotipos y prejuicios que nos colocan desde que nacemos en el proceso de socialización. Pero desaprender es el camino. Y preguntarnos por qué ocurren las cosas. ¿Por qué en un momento en el que podemos seguir la huella que deja en la capa de ozono cada ser humano no tenemos datos desagregados por sexo, cifras fiables sobre violencia, por ejemplo? ¿Por qué la mayor parte de la violencia permanece impune? La impunidad es la gasolina que alimenta la violencia contra las mujeres. Las víctimas denuncian poco, no confían en la justicia y ahí tenemos una anormalidad democrática. Estamos en un 30% como mucho. Ya de partida, el 70% de la violencia es impune. En violencia sexual probablemente sea más.

¿De qué aguas bebe la nueva misoginia?

El meollo de la nueva misoginia es la sutileza. Los mensajes machistas tradicionales (los mensajes Trump) provocan rechazo en buena parte de la sociedad. La nueva misoginia es mucho menos evidente, utiliza incluso términos del feminismo para malversarlos, descargarlos de contenido político, con lo cual parece que están en un discurso igualitario. Su base es el maquillaje que se ha puesto: nuevos ropajes para que nada cambie.

¿Y de qué aguas beberemos las mujeres para fortalecernos ante esta cultura de la violación, del menosprecio, de la discriminación laboral, de la falsa conciliación, el mito del amor romántico, la falta de justicia afectiva, el desgaste y tantas otras cosas que abordas en el libro?

De las aguas del feminismo, sin ninguna duda. Ya tenemos conocimiento, experiencia política importante, muchas generaciones incorporadas trabajando. El paso que nos toca, insisto, es el de la exigencia. La igualdad es un principio fundamental constitucional. Hay que desenmascarar los discursos que hablan de igualdad, pero que no la hacen efectiva. No aceptar esa constante invitación al silencio. Hay que deslegitimar al patriarcado poniendo encima de la mesa sus mentiras, sus trucos, sus abusos. Un sistema de dominación en el que siguen primando los hombres sobre mujeres no puede ser aceptable.

Mujeres constructoras de paz

Tica Font

Público Las acciones que llevan a cabo las mujeres en periodos de violencia o guerra, pueden ayudarnos a ensanchar la manera de entender la construcción la paz. Poner fin a un conflicto armado y construir la paz es un objetivo que suele movilizar a la comunidad internacional de diversas maneras, con misiones de paz, delegaciones diplomáticas o impulso a comisiones de negociación entre otros. Por lo general las mujeres quedan excluidas de todos estos instrumentos de paz, no suelen formar parte de ellos y a menudo ni siquiera son escuchadas con sus afectaciones especiales en estos espacios.

Hoy quisiera llevar a cabo un reconocimiento a las aportaciones de las mujeres en la construcción de la paz. Las mujeres durante y después de un conflicto son el soporte de las familias, de las relaciones familiares y de las relaciones interpersonales de la comunidad más cercana. Las mujeres son las que han desarrollado el papel esencial de la construcción de la paz en la esfera informal, en la esfera no oficial, y son las que han quedado excluidas de los procesos de paz formales, de las mesas de negociación, se las ha excluido incluso de voz, en tanto que no pueden ser escuchadas sus reivindicaciones y su trabajo de constructoras de paz pasa desapercibido en las esferas académicas, en las esferas políticas y públicas.

El papel de las mujeres constructoras de paz surge de su experiencia de opresión, de su experiencia de lo que significa estar excluida y de la búsqueda de una sociedad más inclusiva. Muchas mujeres han acabado siendo y son activistas constructoras de paz en tanto que han defendido formas no violentas de relacionarse las personas; otras muchas mujeres se han convertido en mediadoras entre la guerrilla y su familia o la comunidad, grupos de mujeres han negociado con los bandos armados espacios para poder cultivar o comerciar los productos que mantienen la vida de la comunidad; muchas mujeres se han convertido en consejeras de traumas, en cuidadoras de sufrimientos, muchas de ellas han detectado situaciones que podrían transformarse en violentas y han actuado. Son las mujeres las que acaban actuando de cooperantes en el reparto de la ayuda humanitaria, se convierten en cooperantes de desarrollo.

En muchas ocasiones han sido las mujeres las que han facilitado el dialogo entre facciones armadas, clanes o grupos enfrentados, son las que intentan convencer al marido, hijo, sobrino, padre o tío de que abandonen la violencia. Son ellas las que a menudo tienden puentes entre las líneas divisorias, las que buscan los puntos comunes y de encuentro que sobrepasan los elementos de división. Las mujeres han puesto las cuestiones vitales como la continuidad de la vida, la supervivencia de la familia, la alimentación, el tener techo, la salud o la educación como elementos esenciales a salvar.

La contribución de las mujeres a la construcción de la paz se da mayoritariamente en la esfera informal, se produce en lo que llamaríamos la trastienda, con trabajos no remunerados, con trabajos considerados auxiliares y sin reconocimiento social. Es por todo eso que las mujeres suelen quedar excluidas de los procesos formales de construcción de paz, suelen quedar excluidas de las comisiones de negociación de paz, sus peticiones suelen quedar excluidas de los puntos de negociación. Las mujeres pueden ser vanguardia en iniciativas de paz, pero los negociadores suelen ser casi en exclusiva hombres.

Cuando un conflicto violento o una guerra acaba suelen ser las mujeres las que empiezan a recomponer el tejido social, son ellas las que se quedan a cargo de hijos, viejos y enfermos, son ellas las que en medio de la devastación tienen que encontrar la manera de sobrevivir todos los miembros que están a su cargo. En cambio la sociedad y los académicos no reconocen la actividad que llevan a cabo las mujeres como actividad constructora de paz.

La experiencia nos muestra que las mujeres articulan el conflicto y la paz de manera diferente a los hombres, pero las investigaciones académicas ofrecen muy pocos estudios y muy pocas explicaciones a los conceptos que subyacen en la construcción de la paz. Hay pocos estudios que aborden como funciona la construcción de la paz y que papel llevan a cabo las mujeres en el mismo.

Es necesario romper el dualismo de que los hombres solamente son idóneos para el mundo público, para el mundo político, para la justicia transicional, para las negociaciones políticas y las mujeres solamente, son idóneas para actuar en el mundo privado, para actuar el mundo del cuidado de las personas, para recoger los pedazos emocionales de la violencia y la guerra. La construcción de la paz se construye en los dos mundos, requiere de las dos esferas y las mujeres quieren estar en las dos esferas.

Finalmente cabe tener presente que también hay mujeres que cogen las armas, se unen a los grupos guerrilleros o insurgentes o llevan a cabo tareas de apoyo a los guerrilleros. Hay mujeres que asumen el rol de los hombres en la construcción de la división y la guerra.

viernes, febrero 03, 2017

México: Marcela Lagarde, a 10 años de la LGAMVLV

Lucía Lagunes Huerta

Cimacnoticias Hace 10 años, la doctora Marcela Lagarde y de los Ríos, junto con la Comisión de Equidad y Género de la LIX Legislatura de la Cámara de Diputados, logró la aprobación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), sustentada en el trabajo científico de 60 investigadoras.

Marcela cuenta que pudo aprobarse la ley porque “donde pone el ojo, pone el hacer”, porque logró acuerdos con la Comisión, encabezada por Diva Gastelum y con partidos; por la experiencia de sus compañeras diputadas, como Angélica de la Peña y porque, como ella le aconsejó, habló “hasta con el diablo” sobre la urgencia de una ley que no sólo castigara.

Todo se volvió creíble, recuerda, porque fue público y dialogado, y se votó “palabra por palabra”, pero lamenta que a 10 años de la LGAMVLV lo que más haya pegado “como moda” sea la Alerta de Violencia de Género, y las otras partes de esta ley integral no se vea. Critica también la descoordinación y enredos de las instituciones que surgieron a partir de la ley.

ERRADICAR, NO SOLO DENUNCIAR

Lucía Lagunes (LLH): ¿Cómo surgió la LGAMVLV?

Marcela Lagarde (MLR): La ley surgió porque entendí que no solo estás ahí, en la Cámara de Diputados, denunciado, ya eres parte de las instituciones del Estado y no puedes ponerte solo a denunciar. Y porque Alma Vucovich, ex diputada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) me habló y me dijo “tú has venido mucho a Ciudad Juárez, sabes lo que pasa aquí, ven a explicarnos por qué los hombres matan a las mujeres.

Eso me cambió la vida porque tuve que asumir una posición propositiva, investigativa, teórica y política para explicarlo, ya no para denunciarlo y me encontré con un libro maravilloso de Diana Rossel y Jean Ralsfo que se llama “El feminicidio, una política del asesinato de las mujeres”, que es una antología sobre el feminicidio, que contiene una incipiente teoría del feminicidio.

Mi agenda política era lograr la tipificación del delito de feminicidio, no sabía nada, no entendía. Había trabajado por la tipificación, ya tenía una visión, se llamaba feminicidio. Establecí la Comisión de Feminicidio y la Cámara asumió el concepto.

La gente no se da cuenta, pero vas creando una jurisprudencia, que se nombren las cosas como nosotras las nombramos, desde la perspectiva feminista de género. Fue un gane, sin pelearnos, siendo minoría numérica, las mujeres en la Cámara éramos 22 por ciento y éramos minoría ideológica, filosófica, 4 autodefinidas feministas.

Abrimos la Comisión, reunimos muchos puntos de vista porque era la lógica de la política dialógica. Yo pertenecía al movimiento, no dejas de pertenecer al movimiento porque eres legisladora, eres una legisladora feminista y tienes una base.

Pero llegó un momento en que dije: con la tipificación del delito no vamos a enfrentar el problema, esa es una parte mínima, vamos a poder construir una parte del acceso de las mujeres a la justicia, porque vamos a tener un delito en el Código Penal, y eso nos va a permitir perseguirlo y castigarlo, pero lo que queremos es erradicar la violencia contra las mujeres.

DE LA IDEA A LA LETRA

MLR: Un día me levanté y dije, necesitamos una ley que dicte una política de Estado como dice la CEDAW (la Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer). Entonces nos juntamos e hicimos la ley entre muy poquitas diputadas, nos pusimos a estudiar técnica jurídica, porque no sabíamos ni cómo se redactaba.

Trabajamos en la ley, constantemente, dos diputadas y la presidenta de la Comisión de Equidad y Género, Diva Gastelum. Hicimos una alianza trans-partidista, con perredistas, priistas, hasta un cuate de Convergencia, Jesús González Schmal. Después, a defender Comisión por Comisión. Es terrible, se va votando casi palabra por palabra, pero tienes un texto que tiene coherencia y pueden hacer un cicirisco de un texto. Me pasó eso con la definición de la Alerta de Género.

RUPTURAS, PACTOS Y AVANCES

LLH: En ese momento, te toca un momento muy fuerte: la ruptura del PRD con Rosario Robles.

MLR: La ruptura… yo no, pero sí el partido. Las personas no son idénticas siempre, evolucionan, cambian, dan virajes, tienen crisis, hitos en su vida. Rosario, siempre fue una mujer de izquierda, la conocí en el sindicato en la UNAM, en la Facultad de Economía, participó en todo y luego gobernó esta ciudad e hizo cosas fenomenales, reconocida por la gente, era una cosa impresionante.

LLH: Reconocida entonces por algunas feministas como la próxima presidenta…

MLR: No solo por algunas feministas, creo que en el cuadro político, eso tuvo que ver, y se la poncharon, entre otras cosas por eso, porque se acercó demasiado a la posibilidad de ser la primera presidenta de este país.

LLH: Y en ese ambiente, no solo contra Rosario, sino contra el feminismo, lograste sacar una ley…

MLR: No sólo una ley: logramos acreditar al feminismo, tuvo autoridad. Mi reacción era empoderarnos con un orgullo feminista. Caminábamos por la Cámara, a nosotras no nos van a enjuiciar junto a Rosario, estábamos haciendo una ley. Con mi Comisión y 60 investigadoras hicimos la investigación más importante que se ha hecho en México sobre violencia feminicida. Todo eso logró callar la boca a todo el mundo en torno a nosotras, pero también se fue diluyendo el tema de Rosario y fue prevaleciendo el aporte positivo que hacíamos las diputadas feministas, además aliadas con todo el mundo.

LLH: ¿Pactaste?

MLR: Pactamos. Todo lo que fui elaborando lo pude poner en práctica, la sororidad con principio político de relación con las demás. Y mira que me serrucharon el piso, juntaron firmas para sacarme de la Comisión de Feminicidio, hicieron cosas terribles y la persona que lo hizo sabe que lo hizo.

Mi ética política es otra, no contexto con destrucción, sigo adelante. Nosotras hicimos el dictamen de la ley, pasó por tres comisiones, y elaboramos los tres dictámenes. Nos quitaron de la ley el delito de feminicidio, por técnica jurídica y penal. Entonces dijeron “hagamos una negociación, ustedes quitan el delito de feminicidio y aprobamos la ley”. Así fue la negociación.

Desconsideraban la ley, les parecía anodina. Nos la objetaron porque estaba dirigida solo a las mujeres. El sujeto de la ley son las mujeres y eso rompe con todo el marco jurídico mexicano. Es transgresora, es vanguardista en el mundo, porque tiene como sujeto a las mujeres. Además, porque consideramos la violencia misoginia concentrada, contiene todo el argumento de cómo el patriarcado violenta a las mujeres. No es que los hombres, unos poquitos estén enfermos, no es que las mujeres se peleen con todo el mundo. Es que hay cinco tipos de violencia y cinco modalidades.

Nos faltó la violencia política, que ahora vamos a introducir en una reforma y ojalá se haga pronto. Tampoco incluimos la violencia obstétrica, que se introdujo en Veracruz. Sigue siendo una ley maravillosa, la política que contiene esa ley está en construcción.

FUI DERECHO, NO ME QUITÉ

LLH: ¿Cuáles fueron las claves que te permitieron sacar esta ley?

MLR: Cuando pongo el ojo, pongo el hacer, fui derecho y no me quité. Además con Diva Gastelum, quien estuvo de acuerdo, que asumió, pues esa era la Comisión Legislativa. Y luego Angélica de la Peña, quien tiene una experiencia legislativa de lujo y me enseñó que hay que hablar hasta con el diablo.

Y lo hice, hablé con procuradores en todo el país, con defensores de derechos humanos, con quienes estaban acusando, con quienes exigían. Eso nos permitió hacer la ley. Y a mí, con un equipo científico, hacer la investigación diagnóstica. En mi cabeza la investigación justificaba la ley: no sólo íbamos a castigar.

Ese fue un debate con muchas compañeras feministas, que querían únicamente la penalización. Con todas fui a discutir, todo lo hicimos público, dialogado, se volvió creíble.

También hubo problemas con compañeras de Ciudad Juárez, porque cuando les llevamos la investigación diagnóstica sobre el feminicidio en México me dijeron que le dábamos en la torre al trabajo que venían haciendo desde años, al decir que había feminicidio en otros lados del país, cuando el argumento de ellas era la excepcionalidad del feminicidio.

MÁS QUE ALERTAS

LLH: Todavía no se logra aplicar la ley…
MLR: La gente me dice “siguen matando a las mujeres”, y lo dicen con orgullo, que “hay muertas”. Existe una cantidad de morbo en torno a la violencia contra las mujeres terrible. He visto, por ejemplo, en el debate sobre hacer las leyes o no hacerlas, a grupos de compañeras de movimiento de mujeres que parecía que estaban esperando a la siguiente, para demostrar que matan mujeres.

Acabé asqueada de esa incapacidad de empatía con las mujeres, y en contraste, del uso de las mujeres y la problemática de las mujeres para hacer activismo, para denunciar, para exigir. Al extremo de que, lo que más pegó como moda en el movimiento amplio de mujeres fue la Alerta de Violencia de Género (AVG).

Y de lo demás de la ley nadie se ocupa, no les importa, no les interesa, no entienden que es una ley integral, que requiere una política integral del Estado. Solo exigen que se cumpla la AVG porque esa, yo lo entiendo, permitía denunciar, exhibir, exigir enfrentar con el discurso la impunidad terrible que hay.

EL TRAMPOSO ENREDO

LLH: La alerta ha sido un instrumento también para las instituciones del estado, se volvió un “toma y daca”...

MLR: Ahí hubo un cambio importante, pasamos los primeros años en algo muy atrapante, muy terrible, que estaba en la ley: ese famoso Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar las Violencias de las Mujeres en México, que lleva el título completo porque lo tomamos de la Convención Belém do Pará. Se llama así para hacer todo eso y porque era el encargado de aprobar todas las políticas ligadas a la violencia.

Luego surgió la CONAVIM (Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres), porque no había organismo en la Secretaría de Gobernación, que preside al Sistema, para encargarse del asunto. Se crea también la Fiscalía Especial para Atender Delitos de Violencia contra las Mujeres. Eran ya varias instancias, cada una trabajando cosas sin entender bien la ley, para empezar.

Luego, rápidamente a la Fiscalía Especial le aumentaron “y la Trata de Personas”, lo que la desvirtuó totalmente. Estaba imponiéndose en toda América Latina la Ley de Trata, fue una movilización latinoamericana y europea. Estaban definiendo qué es la trata, digamos para acotar los mercados de mujeres. Para mí fue clarísimo: para eso se legisló.

CAMINO DE LEYES

LLH: ¿Cómo ha sido tu experiencia como legisladora?

MLR: La Cámara de Diputados se conecta con lo de ahora, la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, en donde soy presidenta de la Comisión Carta de Derechos. He sido militante inscrita con credencial en los partidos de izquierda: pasé del Partido comunista (PCM) al PSUM (Partido Socialista Unificado de México, al PMS (Partido Mexicano Socialista), al Frente Democrático Nacional y al PRD.

En el PRD no me gustó el tratamiento que hicieron en el proceso para las candidaturas a la Cámara de Diputados y la Asamblea de Representantes del Distrito Federal (1988), y no volví durante 10 años. Después me pidieron que fuera candidata a diputada, en la LIX Legislatura, cuando Rosario Robles era la presidenta del PRD. Su nombre ha quedado en una reforma legal que tiene que ver con el aborto. Es la única ley que lleva el nombre de una mujer: la Ley Robles.

Decidieron abrir en el PRD 20 candidaturas ciudadanas y me dije “ustedes no han cambiado”. Una semana me estuvieron presionando, fui a dos reuniones a casa de amigos, donde estaba Rosario, y ahí nos propuso que fuéramos con el PRD y todos muy críticos. Yo muy atravesada por una contradicción: “están convocando a que las mujeres hagamos política y tienes que ir a través de los partidos”, porque no habían esos fenómenos de las y los independientes. Tenía 50 años, llena de vida y muy apasionada, pensé “esto me permite aprender algo nuevo”.

Fui una “mujer cuota”, 4 cuotas que habíamos ganado en los ayeres en otros partidos y que heredó el PRD: la cuota externa, intelectual y ser feminista.

LLH: ¿Qué te significó recibir la medalla Elvira Carrillo?

MLR: ¡Uf!, me significó mucho gusto, por el reconocimiento que el Senado me hacía, siendo una feminista y porque, por tanto, estaba reconociendo al feminismo. Nosotras, que somos rebeldes, subversivas, transgresoras, que hemos estado a veces en la esquina de la política, que hemos sido vistas como peligrosas al orden social, casquivanas, todo lo que está en el imaginario de la derecha sobre el feminismo, ésas estamos siendo reconocidas en una institución muy importante del Estado mexicano.

Para mí los cambios pasan por el Estado, para que haya derechos humanos tiene que haber Estado, si no hay Estado que garantice no hay derechos. Soy una crítica del Estado contemporáneo, como todas las feministas de todos los tiempos, pero al mismo tiempo pues ser una teórica del Estado feminista.

Nosotras ya vivimos en un Estado reformado, desde el punto de vista de género, pero nosotras le hemos dado un empuje enorme en la segunda mitad del siglo XX.

Son 15 años de reformas impresionantes en el mundo global, en las instituciones internacionales de derechos humanos, y todo eso es un impacto en el mundo occidental enorme, la Conferencia Mundial de Pekín, la Cumbre de Viena, Belém do Pará… Son un conjunto de movimientos feministas que cuajan en declaraciones vinculantes, en tratados, en los que nos apoyamos las locales para llevar en nuestros países.

Chile: Senado aprueba proyecto de aborto por tres causales

Tamara Vidaurrázaga Aránguiz

(SEMlac).- Con 20 votos a favor, el Senado chileno aprobó en general el proyecto de despenalización del aborto en tres causales específicas: riesgo de vida de la mujer, inviabilidad fetal extrauterina y violación, tras dos jornadas de debate en sala y con 15 votos en contra y dos abstenciones.

Senadores y senadoras de la Nueva Mayoría, coalición por la que gobierna Michelle Bachelet, y de Chile Vamos, coalición de derecha opositora, plantearon sus argumentos a favor y en contra del proyecto. En las tribunas y el hall de ingreso diversas organizaciones contrarias al texto y pro derechos de las mujeres se manifestaron con lienzos alusivos.

La causal que más resquemores causa en legisladores de derecha es la de violación, que exige que no hayan transcurrido más de 12 semanas de gestación, cuestión que en las menores de 14 años se amplía hasta las 14 semanas.

Senadores de derecha argumentaron que las mujeres podrían inventar que han sido violadas, que incluso si lo han sido una interrupción del embarazo es la peor manera de resolverlo y que una violación podría ser "acordada", como indicó el Senador de la Unión Demócrata Independiente UDI, Alejandro García Huidobro.

Organizaciones de mujeres junto a diputadas de distintos partidos políticos, como la comunista Camila Vallejo, la independiente Carla Rubilar o la socialista Maya Fernández Allende, llamaron a que sea aprobado el proyecto incluida la causal de violación, puesto que según la abogada de Corporación Humanas Camila Maturana "es un compromiso del Gobierno y de una coalición, con las chilenas".

"El Senado debe legislar para cumplir con ese mandato que, además, tiene un 70 por ciento de aprobación en la opinión pública. Este proyecto se debe aprobar en sus tres causales, lo que permitirá al Estado de Chile ponerse al día con los derechos humanos de niñas y mujeres", abundó.

Para Gloria Maira, quien fue subdirectora del Servicio Nacional de la Mujer, "la causa de violencia sexual que permite interrumpir un embarazo por violación es un imperativo fundamental de derechos y respeto a la dignidad de niñas y mujeres."

El proyecto implica que debe haber un diagnóstico médico previo que avale la intervención y que la mujer debe manifestar en forma expresa, previa y por escrito su voluntad de interrumpir el embarazo, salvo cuando esté impedida de hacerlo.

Permite, además, la objeción de conciencia por parte del médico cirujano convocado a realizar la interrupción, que se debe efectuar en forma previa y por escrito ante el director del establecimiento de salud, caso en el que el recinto debe asignarle otro médico disponible a la paciente. Esta objeción no procederá en el caso de la primera causal cuando la mujer requiera una atención inmediata y no exista otro cirujano disponible.

Tras este trámite, el proyecto deberá volver a la Comisión de Salud y a la Comisión de Constitución para su discusión en particular, tras lo que volverá a votarse en sala del Senado.

En Chile, existió el aborto terapéutico desde los años 30 hasta 1989, cuando la dictadura de Augusto Pinochet lo prohibió en todos los casos, para convertirse así Chile en uno de los seis países en el mundo que se encuentra en esta posición junto a El Salvador, Honduras, Nicaragua, Malta, El Vaticano y República Dominicana.

¿Por qué se teme al feminismo?

Teresa Mollá Castells*

Ontinyent Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el término feminismo se define como la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Nada escandaloso como vemos. O, ¿acaso sí es escandalosa esta definición por lo que comporta? Al parecer sí lo es para muchos machirulos e incluso algunas machirulas.

Si nos vamos al artículo 14 de la Constitución española nos encontraremos, literalmente, con esta redacción: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Y, a menos que, por la utilización del genérico masculino se nos excluya a las mujeres españolas de toda la Constitución, dice que somos iguales y sin discriminaciones.

Por tanto, si pasamos por alto el sexismo lingüístico de la expresión “españoles” y entendemos que se ha utilizado para englobar a toda la población española, podríamos afirmar que la Constitución, según el diccionario de la RAE es feminista, puesto que defiende que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres sin que prevalezca ninguna discriminación por razón de sexo.

En algunos aspectos se ha avanzado bastante, como los casos de las ciudades que se han declarado feministas como Terrassa, sobre la que ya escribí en su momento, y a la que después han seguido Sabadell y Sant Quirze del Vallés, ciudades que buscan la igualdad de toda su ciudadanía sin distinciones. Sencillamente acatando la Constitución.

Pero cuando se utiliza el término feminista, saltan las alarmas; es que el motivo está bien claro. Con una igualdad real se acaban los privilegios; y el patriarcado, fuertemente arraigado en nuestras sociedades, se alimenta de los privilegios históricamente autoasignados.

El feminismo busca la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres, por tanto no debe ser únicamente, un tema de mujeres. La reivindicación de la igualdad nos atañe a ambos sexos, pero al ser las mujeres las mayores perjudicadas por el patriarcado, somos las que más damos la cara. Sin embargo, existen hombres que están a nuestro lado en esta reivindicación de igualdad real que la informal.

El temor de hombres y mujeres al feminismo viene dado por el miedo a la pérdida de esos privilegios que se tienen por ocupar espacios tradicionalmente masculinos, por ceder lo que se ha usurpado de forma ilegítima a lo largo de la historia: la igualdad en el derecho al acceso a recursos de todo tipo, sean estos tangibles o intangibles.

Por recursos me refiero a espacios públicos, privados, riqueza, acceso a la justicia, a la educación, a la salud, a derechos civiles y un larguísimo “etc”. Pero también y por supuesto a nuestro propio cuerpo de mujeres para decidir libremente si queremos o no ser madres, sin que por ello nos convirtamos en “salas de ejecución”, tal como afirmó un machirulo que anda por la política y que, al parecer, tiene las neuronas más sueltas incluso que la lengua, que ya la tiene muy suelta.

El perder privilegios no le gusta nadie y por eso aparece el rebote de toda la caverna, cuando surge la exigencia por parte de las feministas de la igualdad. No pueden evitar llevar en el ADN aquello de las jerarquías masculinas naturalizadas por siglos de discursos patriarcales. Pero no, señores y señoras de la caverna, la igualdad es un derecho que tenemos reconocido y cada vez que lo niegan, están negando no sólo el derecho constitucional sino el derecho incluso a la vida.

Sí, digo a la vida y digo bien, puesto que continuando con la desigualdad para mantener sus privilegios, permiten los asesinatos de mujeres, porque desigualdad y violencias machistas siempre van de la mano.

En ese sentido admiro profundamente a las compañeras y amigas, que en estos precisos momentos están luchando dentro de sus organizaciones para que estas pasen a ser también feministas, incluso en sus estatutos como forma de declarar que su lucha es, también, un compromiso radical (de raíz) con la igualdad. Pero las resistencias son muchas y fuertes; y no siempre vienen sólo de la mano de los hombres.

Es triste asistir a esa resistencia de algunas mujeres a la igualdad, pero tampoco la podemos obviar. Del mismo modo que el machismo no es sólo una cuestión de la caverna y existen hombres machistas en todo el espectro político, hay mujeres machistas que no ven con buenos ojos la reivindicación de la igualdad. Triste, pero real.

Es esperanzador ver cómo en los actos a los que acudimos a sensibilizar en la igualdad para evitar violencias machistas, o cuando hablamos del patriarcado y su apropiación indecente de nuestros cuerpos o de los recursos de todo tipo, cada día asiste más gente joven.

Mujeres y hombres jóvenes a quienes cuando les explicas el término “feminismo” quedan ojipláticos, y se preguntan el motivo de la criminalización social de dicho término. Es justo en ese momento, cuando hay que explicar el profundo e intenso interés patriarcal en demonizarlo para mantener sus privilegios históricos.

Se nos criminaliza a las feministas por denunciar públicamente esos privilegios que toman muchas formas; se nos criminaliza porque no acatamos el orden patriarcal; se nos acusa por exigir libertad absoluta sobre nuestros propios cuerpos; se nos intenta ridiculizar por pedir imperiosamente y de todas las maneras posibles, que se nos deje de asesinar por ser mujeres; se nos exhibe por poner el dedo en la llaga de las desigualdades; se burlan de nosotras por buscar otro orden social más equitativo y justo, por buscar relaciones simétricas y con sexualidades no heteronormativas, entre muchas reivindicaciones más.

La maquinaria patriarcal es muy potente y se camufla constantemente para sobrevivir a los logros y exigencias del feminismo, de los feminismos, pero estamos ahí, somos muchas y cada vez son más los compañeros que saben e incluso sufren el patriarcado cruel en sus propias carnes; los que se van sumando a esa exigencia de igualdad real entre las personas.

Porque como afirmó Simone de Beauvoir: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”. Y eso asusta. Al parecer mucho y a mucha gente, pero que cada cual se analice sus propios miedos porque las feministas, las personas feministas no vamos a dejar de luchar individual y colectivamente por ese objetivo final, que es el de la igualdad real y en todos los sentidos entre las personas.

Que se lo apunte el patriarcado, puesto que es el objetivo final y radical al que no vamos a renunciar.

tmolla@telefonica.net

* Corresponsal, España. Comunicadora de Ontinyent.

Chile: Por el derecho a elegir la identidad de género

Tamara Vidaurrázaga Aránguiz

(SEMlac).- Vicente tiene 23 años y se encuentra en tránsito hacia la identidad de género que eligió, aunque nació niña y fue bautizado como "Camila". Los trámites a los que ha sido sometido para cambiar su identidad han sido tortuosos, lentos e irrespetuosos del momento que vive, porque en Chile no existe Ley de identidad de género y, quienes requieren cambiar su identidad, deben hacerlo utilizando la normativa para cambio de nombres que existe en el país.

El tránsito de Vicente

Ya a los cinco años Vicente sentía incomodidad. No le gustaba que le pusieran faldas ni vestidos y se negaba a salir de la casa si lo vestían de rosado, pidiendo que le regalaran los juguetes que veía en manos de niños. "Recuerdo que jugaba con las barbies de mis hermanas, pero siempre pedía que me regalaran autos, soldados o juguetes "de niño".
A veces aceptaban regalarme ciertas cosas, pero siempre diciendo que eran de niño y que no eran para mí. Ahí, de cierta manera, comencé a notar que no era como el común de las niñas, que no calzaba con el modelo. Veía a los niños y quería ser como ellos, vestirme como ellos y jugar con sus juguetes", indicó a SEMlac.

Siendo adolescente notó cambios corporales incómodos, que evidenciaron su desarrollo hacia una mujer, identidad que no se ajustaba con cómo se autopercibía. Insatisfecho con su cuerpo femenino, cada vez fue más introvertido, cuestión que se exacerbó al notar que le gustaban las mujeres "entonces comencé una lucha interna como para hacerme hetero. Recuerdo que pasaba mucho tiempo pensando en eso, me angustiaba pensar el tema del pololeo", recuerda.

A los 21, por primera vez una amiga le señaló que, tal vez, era una persona trans, abriéndosele un mundo nuevo con la posibilidad de transitar hacia una identidad de género con la que se sintiera más cómodo, a pesar del miedo al rechazo y el maltrato.
Sin embargo, esta decisión sería solo el comienzo de un largo proceso para transformarse en quien deseaba ser. "Me presenté como trans en mi familia y comunidad cercana. Empecé a investigar sobre los procesos, las hormonas, operaciones". Luego vendrían los trámites legales que implican hacer una rectificación del acta de nacimiento como si se tratara de cualquier cambio de nombre, pero exigiéndosele que diera pruebas de que era un hombre y no la niña inscrita al nacer.

Hace más de un año Vicente está siendo asesorado por la Clínica Jurídica de la Universidad de Chile, y debió presentar dos testigos que dieran fe de conocerlo hace más de cuatro años con su actual identidad. Luego vendría el peritaje físico y psicológico en el Servicio Médico Legal, procedimiento voluntario pero que aumenta las posibilidades del cambio de identidad.

"El examen físico se basó en preguntas de mi cuerpo, como si tenía malformaciones, algún daño en extremidades. Un chequeo de todo el cuerpo. Aparte se me pidió mostrar los pechos y la vagina (…) Luego de esto, me dieron hora para el peritaje sicológico. La entrevista duró cerca de media hora, donde el perito me preguntó por violencia infantil, abusos, orientación sexual, rendimiento académico. En todo momento muy hostil, frio y distante".

"Hizo hincapié en que si me gustaban los hombres no había problema en decirlo, si me habían abusado lo podía decir, si tenía algún familiar homosexual, casi como presionando a darle una razón para escribir en el informe que había una causa traumática para ser trans o algo así", relata Vicente.

Tras estos trámites, debió someterse nuevamente al examen psicológico porque el primer perito se encontraba en proceso de sumario, y la experiencia fue todavía más brutal cuando ni siquiera lo llamaron por su actual nombre y lo hicieron callar cuando quiso explicarle sobre su niñez.

"A veces te da rabia e impotencia ver que te ponen tantos obstáculos para poder ser quien quieres ser", indica. Actualmente, Vicente se realizó un tratamiento hormonal y una mastectomía para que su cuerpo se parezca más a su identidad de género, si bien señala que no se auto percibe como un hombre sino como una persona trans, más allá de los binarismos impuestos que obligan a tomar la decisión de ser hombre o mujer.

La normativa actual

En Chile no existe una normativa específica que permita cambio de nombre y género para las personas trans, y solo existe una ley que autoriza cambios de nombres y apellidos en ciertas causales, como aquellos irrisorios o que puedan producir humillaciones, por lo que cuando una persona trans quiere realizar este cambio, depende del criterio del juez y no hay garantía de este derecho.
Según el informe "Cartografía de los derechos trans en Chile", realizado por OutRight Action International, con apoyo de Fundación TranSítar y Organizando Trans Diversidades (OTD Chile), y disponible en https://www.outrightinternational.org/sites/default/files/TransRpt_Chile_SP.pdf, acceder al cambio de nombre y sexo "requiere que el demandante presente una petición a un Tribunal Civil, junto con diagnósticos psicológicos y psiquiátricos, y certificados que acrediten tratamientos quirúrgicos o farmacológicos".

Estos incluyen la histerectomía (remoción de los órganos reproductores femeninos), mastectomía (remoción de las mamas) y tratamiento hormonal para hombres trans, e implantes mamarios, vaginoplastia, y tratamiento hormonal para mujeres trans.

Los tribunales civiles requieren que el demandante presente exámenes médicos, diagnósticos y pruebas de cirugías del Instituto Médico Legal para poder proceder con la rectificación. También se requiere de testigos que acrediten ante el tribunal que el solicitante vive como varón (o mujer), que ha sido conocido y reconocido por su nombre de varón (o de mujer) por lo menos durante cinco años. El Tribunal toma la decisión final, y puede rechazar ambas solicitudes, aprobar solo el cambio de nombre y rechazar la rectificación de sexo, o modificar ambos.

En el país se cuenta también con una Ley Antidiscriminación que incluye la orientación sexual y la identidad de género como motivos prohibidos de discriminación, y cuyo objetivo fue crear un mecanismo legal apropiado para restablecer los derechos en casos en los que las personas se enfrenten a actos de discriminación arbitraria.

Sin embargo, el informe indica que esta tiene dos limitaciones: primero que "el juez puede retirar el carácter arbitrario de la discriminación, y establecerla como razonable si el acto está protegido por otro derecho fundamental de la Constitución (por ejemplo la libertad de religión), por lo tanto, el juez puede no considerar el contexto ni ponderar los hechos para tomar su decisión", cuestión que redundaría en que los jueces en vez de combatir la discriminación la promuevan.

Como segunda limitación, que exista falta de claridad sobre los entes y procedimientos responsables de definir, implementar y monitorear la efectividad de esta ley.

La ley de identidad de género

En materia internacional, los Principios de Yogyakarta disponen que los Estados deben "tomar todas las medidas legislativas, administrativas y de otra naturaleza necesarias para que se respete plenamente y se reconozca legalmente la identidad de género definida por cada individuo", entendiendo el género como "la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente respecto de sí misma, que puede o no corresponder con el sexo asignado al momento de nacer".

Sin embargo, esto no se aplica todavía en este país, como se indica en la Cartografía de los derechos trans, en la que se recomienda la aprobación de una Ley de identidad de género que regule casos como el de Vicente.

Con estos fines, en 2013 se presentó un proyecto que va en esta dirección y que, de convertirse en ley, asegurará que la identidad de género se reconozca como un derecho humano, y ayudará a garantizar la igualdad ante la ley de las personas trans, independiente del cuerpo que tengan, por lo que no exigiría transformaciones corporales para llevarse a cabo.

Después de dos años de presentar y revisar reformas en el Congreso, en noviembre de 2015 la Comisión de Derechos Humanos del Senado aprobó un texto final, con 15 artículos más otros dos de carácter transitorio, que permitirá rectificar las partidas de nacimiento de las personas trans. En el caso de mayores de 18, bastará hacer el trámite en el registro civil, mientras en el caso de los menores de edad tendrían que realizar la gestión en los tribunales de familia apoyados por sus progenitores.

Esto último ha significado una discusión, puesto que parlamentarios de derecha han señalado que los niños y niñas no tienen clara su identidad sino hasta mayores, mientras que organizaciones como TranSítar, que trabaja con niños niñas y adolescentes trans, indican que debieran remitirse al mismo trámite administrativo que las personas adultas, y que -incluso- entre los 14 y 18 años no debieran requerir del acuerdo de los adultos responsables, ya que tendrían edad para discernir su propia identidad.

Para Niki Raveau, directora de Fundación TranSÍtar, "la Ley de identidad de género significa que un derecho humano fundamental como lo es el derecho a la identidad -negado a un sector de la población- será por fin reconocido y devuelto".

"Esta ley debe tomar en cuenta el derecho a la autopercepción identitaria y fuero interno: la población transgénero de todas las edades debe tener derecho a legalizar su identidad sin tener que pasar por jueces ni peritajes absurdos y anacrónicos", indicó a SEMlac.

En la Cartografía, Niki indica que "nuestra Fundación cuenta con niñas y niños perfectamente capaces de afirmar su género ya desde los cuatro y cinco años de edad. Niñas y niños trans saben perfectamente quiénes son. Son los jueces y el Estado de Chile quienes no conocen ni saben quiénes son las niñas y niños trans".

TranSíTar es una organización en que se comparte "una visión no binaria del género, en construcción permanente y donde la niñez es la voz principal. Nuestro principal objetivo es visibilizar la niñez y juventud trans: darle un rostro cultural y resaltar la construcción identitaria transinfantil, tanto como una Revolución del Género, así como la necesidad urgente y real que es.

Consideramos que somos más que una demanda en torno a una ley: nuestro objetivo es hacer comunidad, reconocer nuestras luchas históricas y tomarnos todos los espacios que nos estaban siendo vetados", explica Niki.

Mientras la Ley no sea un hecho, menores de edad no podrán rectificar sus nombres, lo que implica una abierta discriminación por ejemplo en los establecimientos educacionales que pueden definir si aceptan o no llamarlos por sus nombres sociales; mientras que las personas adultas deberán seguir exponiéndose al proceso vivido por Vicente, siendo patologizadas antes de permitírseles definir cuál es el género con el que se identifican de manera más cómoda.

Para Niki, es importante comprender que la ley de identidad de género es solo un avance en torno a derechos fundamentales para la comunidad trans, pues "devolverá un derecho fundamental que faltaba, quedando aún pendiente, además de los procesos idóneos para alcanzarla, todo lo que refiere a salud, educación y ámbito laboral, respecto a los cuales no se pronuncia la legislación, a diferencia de legislaciones avanzadas de países como Malta y Argentina".

"Las personas trans somos más que una demanda en torno a una ley. Existimos desde siempre y esta ley es un paso más en la necesaria conquista de espacios", indicó a SEMlac.

Colombia: Asesinan a Yoryanis Isabel Bernal, lideresa indígena Wiwa

ContagioRadio.- Los asesinatos contra mujeres defensoras de derechos humanos no cesan, luego de que hace 15 días apareciera sin vida el cuerpo de una lideresa de CONPAZ, esta vez, las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta, lloran el asesinato de Yoryanis Isabel Bernal Varela, defensora de los derechos de la mujer Wiwa, e integrante de esa misma comunidad indígena.

De acuerdo con las versiones de algunos testigos, el pasado jueves en cercanías al barrio Lorenzo en Valledupar, la lideresa habría sido abordada por personas que se movilizaban en una motocicleta quienes la intimidaron y con arma de fuego le dispararon en la cabeza.

Según la organización Wiwa Golkuche del reguardo Kowi, Malayo y Arhuaco, Yoryanis Isabel fue acompañante en todos los procesos de la etnia Wiwa en temas de derechos de las mujeres indígenas. La organización, también señala que las comunidades vienen siendo objeto de amenazas e intimidaciones.

José de los Santos Sauna, gobernador Arhuaco, Kogui y Wiwa, expresó “Nos quitaron a una gran líder y cuando esto sucede nuestra cultura se baja porque no hay mucha gente valiente para enfrentar nuestros problemas de orden público que siempre son peligrosos".

Con el asesinato de esta lideresa indígena, se cuentan 9 en lo que va del 2017. Lo que da un total de 119 homicidios contra defensores de derechos humanos en el país, desde que se firmó el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Mientras tanto, el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, continúa asegurando que los asesinatos son hechos aislados y sigue negando la vigencia del paramilitarismo en el país.

Las mujeres y el tabaco

COMUNICAR IGUALDAD- En el marco del 65° período de sesiones del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) que se desarrolla en Ginebra, la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC Argentina), O’ Neill Institute for National and Global Health Law, la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (FUNDEPS) y la Alianza Libre de Humo Argentina (ALIAR) presentaron un reporte sombra donde le solicitan al Comité que recomiende al Estado argentino avanzar con medidas que prevengan y reduzcan el consumo de tabaco entre las mujeres.

El reporte sombra “Control del tabaco en Argentina: tareas pendientes para proteger la salud de las mujeres” concluye que la legislación de control del tabaco vigente en Argentina no cumple con las obligaciones suscriptas en la Convención CEDAW en lo que refiere a la protección de la salud de las mujeres y niñas. Entre las recomendaciones se enfatiza sobre la necesidad de que Argentina ratifique el Convenio Marco para el Control del Tabaco para tener a disposición más herramientas que busquen proteger la salud de las mujeres. A su vez, las organizaciones recomiendan que se prohíba toda forma de publicidad de tabaco y que se aumenten los impuestos al tabaco por medio de una política efectiva y sostenible en el mediano y largo plazo. También sugieren que el gobierno prohíba el uso de aditivos y saborizantes en los cigarrillos y que promueva la adopción de políticas de control de tabaco a nivel sub nacional con el objetivo de que las provincias tengan un estándar mínimo de protección de la salud de las mujeres.

En esta línea, Belén Rios, abogada de FIC Argentina e integrante de la delegación argentina junto a referentes de Amnistía Internacional, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM), entre otros, señaló: “Desde 2010, la cantidad de mujeres que mueren por año a causa del tabaquismo está en aumento. Esto refleja la falta de políticas de control de tabaco que protejan la salud y la vida de las mujeres. Esperamos que el Comité recoja nuestras recomendaciones e inste al Estado Nacional a adoptar medidas que protejan a las mujeres y niñas de las consecuencias del tabaquismo. A su vez, esperamos que avance con la prohibición de manera completa de la publicidad de tabaco para poner un límite a las empresas tabacaleras que apuntan muchas de sus campañas de marketing a las niñas y mujeres”. Y agregó: “Además, durante el día de ayer tuvo lugar una presentación formal oral de ONGs ante el Comité donde se repasaron algunos de los temas prioritarios incluidos en los reportes elaborados por la sociedad civil. Por primera vez en la historia el control del tabaco fue uno de los temas destacados, lo que refleja la necesidad de avanzar con medidas que protejan la salud de las mujeres de las consecuencias de esta epidemia”.

FIC Argentina también participó en la elaboración y presentación de otro reporte realizado junto a 18 organizaciones que da cuenta de los avances, retrocesos, falencias y omisiones del Estado argentino en cuanto a su obligación de respetar, garantizar y hacer efectivos los derechos contenidos en la Convención CEDAW. FIC Argentina colaboró en el desarrollo del apartado de salud para reflejar la situación actual en nuestro país respecto a los factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles y sus consecuencias en las mujeres.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) es el órgano de expertos que supervisa la aplicación de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer. Los Estados Parte, como Argentina, están obligados a presentar informes periódicos que reflejen cómo se han ido aplicando medidas que protejan los derechos de la Convención. Luego de la presentación del informe, el Comité realiza recomendaciones a las Partes sobre los puntos que considere que necesitan más atención. En paralelo, el Comité recibe informes paralelos (reportes sombras) de organizaciones que ayudan a evaluar los informes periódicos presentados por los Estados Parte.

La situación de las mujeres en relación al consumo del tabaco

En nuestro país, 11.731 mujeres mueren por año a causa del consumo de tabaco. Argentina tiene uno de los índices de consumo más altos de América Latina y, entre los adolescentes, las chicas fuman un 20% más que los varones. Esto refleja que la epidemia del tabaquismo se está desplazando de varones a mujeres y además, a igual consumo, el tabaco provoca mayor daño en la salud de las mujeres que presentan más susceptibilidad que los varones a padecer eventos coronarios así como también mayor gravedad y precocidad de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). A su vez, la mortalidad femenina por cáncer de pulmón está en constante crecimiento.

Por otra parte, las mujeres presentan más barreras psicosociales para dejar de fumar y tienen menores porcentajes de éxito en la cesación que los varones. Además tienen mayores dificultades para acceder al diagnóstico y los tratamientos adecuados para las complicaciones que padecen como consecuencia del consumo de tabaco. De no avanzar con políticas públicas de control de tabaco con perspectiva de género que se propongan frenar esta tendencia y reducir la brecha de inequidad, el costo se verá en la mortalidad prematura creciente que se espera en las mujeres adultas de las próximas décadas.

Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe

Carmen R. Ponce Meléndez*

Cimacnoticias El pasado 25-28 de octubre se realizó la XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el Gobierno de la República Oriental del Uruguay a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, y el Instituto Nacional de las Mujeres de Uruguay.

En esta ocasión, la Conferencia se centró en la igualdad de género, la autonomía de las mujeres y el desarrollo sostenible: avances para su implementación. En la Conferencia se debatireron los desafíos de la Agenda Regional de Género en el contexto de la implementación de la Agenda 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

Durante su inauguración, la Secretaria Ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena expresó: “debemos poner término a la violencia de género en nuestros países. Debido a la violencia machista en América Latina y el Caribe diariamente mueren 12 mujeres en promedio”.

“Las desigualdades que enfrentan las mujeres para ejercer no sólo su autonomía física sino también la económica y política. Por cada 100 hombres en condición de pobreza hay 118 mujeres; un tercio de las mujeres latinoamericanas no tienen ingresos propios -en el caso de México es más de un tercio-, y cerca de la mitad no tiene vínculo con el mercado laboral”. Para el país la cifra es del 60 por ciento”.

Los ingresos más importantes para las mujeres siguen siendo sueldos y salarios (ver gráfica), pero su participación es menor a la masculina. Tienen una alta participación en “transferencias”, por los programas sociales y las remesas de los migrantes.

El documento base de esta Conferencia se denominó: “Autonomía de las Mujeres e igualdad en la agenda de desarrollo sustentable”. También se elaboró una estrategia para la implementación de la Agenda Regional de Género en el marco del desarrollo sostenible hacia 2030.

Comprende una agenda de derechos y no discriminación y el establecimiento de organismos intergubernamentales especializados en los Derechos Humanos de las mujeres y la igualdad de género.

“Derechos económicos, sociales y culturales con relación a: ingresos, empleo e inserción productiva; trabajo y control de los recursos; derecho a la tierra; división sexual del trabajo; trabajo no remunerado y cuidados; protección y seguridad social; educación; ciencia y tecnologías de las comunicaciones; transformación de pautas culturales; transmisión intergeneracional de la pobreza; jefatura de hogar y bienestar; uso y distribución del tiempo; políticas fiscales y macroeconómicas; políticas sociales; inversión pública; ruralidad, trabajo doméstico remunerado e informalidad; empresas y emprendimientos, crédito, tecnologías e innovación; territorio y modelos productivos”.

Todos estos temas guardan una estrecha relación con la problemática que viven las mujeres en el país, son y han sido abordados por CIMAC y por Monedero.

La Estrategia de Montevideo reposiciona el papel del Estado en las políticas de igualdad, asegurando los Derechos Humanos y la autonomía de las mujeres como eje transversal de las estrategias nacionales de desarrollo sostenible a mediano y largo plazo.

Por lo tanto, es un instrumento cuyo alcance compromete a toda la estructura estatal y que reconoce el liderazgo de los mecanismos para el adelanto de las mujeres. Las medidas en ella incluidas requieren el compromiso y la participación activa de los ministerios sectoriales, las entidades de planificación y presupuestación, los organismos descentralizados, los Parlamentos y el Poder Judicial, entre otros actores gubernamentales.

PRINCIPALES PUNTOS DE LA ESTRATEGIA

La Estrategia de Montevideo busca cerrar la brecha entre la igualdad de jure y de facto mediante el fortalecimiento de las políticas públicas para garantizar la autonomía y el ejercicio pleno de los Derechos Humanos de todas las mujeres y niñas, superando discriminaciones, prejuicios y resistencias.

Nudos estructurales, que impiden avanzar hacia la igualdad sustantiva:

1. Desigualdad socioeconómica y persistencia de la pobreza en el marco de un crecimiento excluyente. En México las cifras más altas de pobreza las ocupan las mujeres.

2. Patrones culturales patriarcales, discriminatorios y violentos y predominio de la cultura del privilegio

3. División sexual del trabajo e injusta organización social del cuidado. En el país más del 70 por ciento del trabajo doméstico no remunerado y de cuidados lo realizan justamente las mujeres, lo cual les impide acceder a un ingreso laboral

4. Concentración del poder y relaciones de jerarquía en el ámbito público. A nivel federal solamente hay tres Secretarías ocupadas por mujeres.

Principales Medidas:

· Es indispensable la participación popular y ciudadana: democratización de la política y las sociedades

· Apoyar el liderazgo de las mujeres en organizaciones sociales y políticas, impulsando la participación democrática paritaria, el fortalecimiento institucional y las capacidades de incidencia de las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos de mujeres y feministas, y en particular el liderazgo de las adolescentes, jóvenes, indígenas, afrodescendientes, mujeres rurales, mujeres migrantes, mujeres que viven con VIH/Sida, mujeres con discapacidad y personas LGBTI, respetando sus expresiones organizativas.

En este punto es crucial la participación de los partidos políticos y de las mujeres feministas y organizadas.

· Financiamiento: movilización de recursos suficientes y sostenibles para la igualdad de género. En México es indispensable contar con un gasto público etiquetado para la igualdad hombre-mujeres muy superior al actual.

Twitter: @ramonaponce.

* Economista especializada en temas de género

Género con Clase Impreso